En el ámbito de alto riesgo de la política de Nueva York, se está desarrollando una batalla peculiar. No se trata de una lucha entre opuestos ideológicos tradicionales, sino más bien de un choque entre los arquitectos de la era digital y un legislador que solía ser uno de ellos.

Alex Bores, miembro demócrata de la Asamblea del Estado de Nueva York, se postula actualmente para el Congreso por el Distrito 12 de Nueva York. Si bien sus oponentes incluyen figuras de alto perfil como Jack Schlossberg y George Conway, Bores enfrenta una amenaza única: una afluencia masiva de capital proveniente de la misma industria que busca regular.

Un súper PAC titulado “Liderando el futuro” —financiado por pesos pesados ​​como Greg Brockman de OpenAI, el cofundador de Palantir Joe Lonsdale y el gigante del capital de riesgo Andreessen Horowitz—está haciendo una agresiva campaña contra él. ¿Su objetivo? La presión de Bores por protocolos rigurosos de seguridad de IA.

De las grandes tecnologías al piso de ensamblaje

Bores no es un político de carrera en el sentido tradicional; él es un tecnólogo. Con una maestría en ciencias de la computación y experiencia en el gigante del análisis de datos Palantir, posee un nivel de conocimientos técnicos que es cada vez más raro en el gobierno.

Durante su tiempo en Palantir, Bores trabajó en la integración de datos de alto nivel, ayudando a organizaciones como el Departamento de Justicia a rastrear patrones complejos en datos financieros, un proceso que ayudó a recuperar $20 mil millones para los contribuyentes durante las investigaciones sobre la Gran Recesión. Sin embargo, su salida del sector tecnológico estuvo impulsada por la ética. Bores renunció después de que Palantir se negara a implementar barreras contractuales para evitar que ICE utilizara su software para deportaciones masivas.

“Quiero encontrar una manera de que la tecnología funcione para nosotros y no al revés”, explica Bores.

Esta filosofía ha definido su carrera legislativa. Bores ha pasado de estar “abajo” de las malas políticas (tratando de solucionar problemas sistémicos con mejores herramientas) a estar “ascendente”, intentando diseñar las leyes que gobiernan esas herramientas desde el principio.

La Ley RAISE: un objetivo para los defensores de la innovación

El principal punto de fricción entre Bores y Silicon Valley es la Ley RAISE (Educación y seguridad en IA responsable), una legislación de Nueva York que Bores ayudó a encabezar. La ley apunta a la “frontera” de la IA (los desarrolladores más grandes como OpenAI, Google, Meta y Anthropic) y exige:

  • Protocolos de seguridad pública: Las grandes empresas deben publicar y cumplir planes claros de pruebas de seguridad.
  • Divulgación de incidentes: Las empresas deben informar fallas críticas de seguridad al gobierno.
  • Supervisión continua: El establecimiento de una agencia estatal para monitorear el desarrollo de la IA y sugerir regulaciones actualizadas.

Para la élite tecnológica, estos requisitos son vistos como “esposas”. El súper PAC que apoya a los oponentes de Bores argumenta que tales regulaciones tienen motivaciones ideológicas y sofocarán la capacidad de Estados Unidos para liderar la innovación global en IA y la creación de empleo.

El vacío regulatorio

El conflicto pone de relieve una enorme brecha en la gobernanza estadounidense. Si bien la tecnología evoluciona a un ritmo exponencial, la regulación federal permanece en gran medida estancada. Bores señala una estadística sorprendente: de 435 miembros del Congreso, sólo dos republicanos tienen títulos en ciencias de la computación, y Bores está a punto de ser sólo el segundo demócrata en el Congreso con esa experiencia.

Esta falta de experiencia ha creado un vacío que estados como Nueva York y California están intentando llenar. Sin embargo, este enfoque regulatorio “de abajo hacia arriba” ha encontrado una feroz resistencia por parte del nivel federal. Bores señala que las recientes acciones ejecutivas han intentado utilizar la amenaza de retener los fondos federales de banda ancha para disuadir a los estados de aprobar sus propias leyes de seguridad de la IA.

Por qué esto es importante

La lucha por el Distrito 12 de Nueva York es más que una primaria local; es una prueba de fuego sobre cuánto poder deberían ejercer los gigantes tecnológicos sobre el proceso legislativo. Si Bores tiene éxito, indica un cambio hacia una supervisión proactiva y técnicamente informada. Si el súper PAC tiene éxito, reforzará un panorama de regulación mínima, impulsado por la creencia de que la innovación debe permanecer libre de barreras a nivel estatal.


Conclusión: La batalla entre Alex Bores y los donantes más poderosos de Silicon Valley representa una pregunta fundamental para el siglo XXI: ¿Debería la tecnología ser gobernada por quienes la construyen o por aquellos elegidos para proteger el interés público?