Howard Lutnick y Jeffrey Epstein eran vecinos en la ciudad de Nueva York desde la década de 1990. Su relación era mucho más compleja de lo que Lutnick ha admitido públicamente. Durante años, el banquero multimillonario presentó una narrativa específica sobre su distanciamiento del delincuente sexual condenado. Esa historia comenzó a fracturarse bajo escrutinio en 2025.
Lutnick afirmó que una sola visita a la casa de Epstein en 2005 lo cambió todo. Dijo que la experiencia fue tan desconcertante que juró no volver a estar en la misma habitación con Epstein nunca más. La implicación era clara: había cortado los lazos. Había trazado una línea.
Esa línea no era tan sólida como sugirió.
Acuerdos comerciales en curso después de la condena
Los archivos de Epstein cuentan una historia diferente. Muestran negocios en curso entre los dos hombres. Esta actividad continuó mucho después de la condena de Epstein en 2008 por solicitar la prostitución a una menor.
¿Por qué un banquero de alto perfil seguiría haciendo negocios con un delincuente convicto? Los documentos no ofrecen una justificación moral. Simplemente registran las transacciones. Los vínculos comerciales a menudo duran más que el disgusto personal. O tal vez los incentivos financieros eran demasiado fuertes para ignorarlos. De cualquier manera, el expediente contradice la afirmación de Lutnick de un distanciamiento inmediato y total.
Regresando a Little St. James en 2012
El cronograma de evasión de Lutnick también tiene lagunas importantes. En 2026, admitió haber visitado a Epstein en 2012. Esta visita no fue a su casa de Nueva York. Fue a la isla Little St. James.
Los detalles son crudos. Fue con su esposa. Fue con sus hijos. Esto ocurrió cuatro años después de la condena de Epstein. La isla en sí tiene una reputación notoria. Regresar allí con su familia socava cualquier argumento de que Lutnick estaba tratando de mantenerse lo más lejos posible de Epstein.
La brecha entre palabras y acciones
Las declaraciones públicas de Lutnick sobre distanciarse de Epstein no coinciden con el historial privado. Los negocios continuaron. Se reanudaron las visitas a la isla. Estos hechos sugieren una realidad complicada.
Los banqueros a menudo navegan por zonas grises. Pero estas acciones específicas plantean serias dudas sobre su juicio y su honestidad. La narrativa pública de una ruptura total no se sostiene frente a la evidencia.




















