La semana pasada, un analista financiero poco conocido llamado Alap Shah se encontró de repente en el centro de la atención de Wall Street. Shah, coautor de un informe titulado “La crisis de inteligencia global de 2028”, predijo una fuerte recesión económica impulsada por la inteligencia artificial. El informe, publicado por Citrini, sugirió que el desplazamiento de empleo impulsado por la IA podría elevar el desempleo por encima del 10% y desencadenar una caída significativa del mercado de valores para el próximo año.

El momento fue explosivo. El día que circuló el informe, el Promedio Industrial Dow Jones se desplomó 800 puntos. Esto ilustra una verdad fundamental sobre los mercados financieros: reaccionan al miedo más rápido que a los hechos. Si bien muchos líderes tecnológicos ya han advertido sobre la pérdida de empleos debido a la IA, el informe de Shah actuó como un catalizador para las ansiedades existentes. El reciente lanzamiento de herramientas agentes por parte de Anthropic ya provocó ventas masivas, lo que demuestra que el mercado está preparado para el pánico.

La psicología de la liquidación de la IA

La reacción del mercado no es necesariamente racional. Refleja un malestar más amplio acerca de la revolución de la IA, que se está desarrollando de manera desigual. Algunos sectores ya están experimentando perturbaciones, mientras que otros permanecen intactos. Esta desigualdad genera incertidumbre. El informe aprovechó esta incertidumbre y destacó el potencial de la IA para exacerbar las vulnerabilidades económicas existentes.

El repentino cambio del mercado también subraya el poder de las narrativas. Una pequeña empresa que optó por la logística impulsada por la inteligencia artificial borró brevemente miles de millones de las valoraciones de sus principales competidores. Esto muestra que incluso las perturbaciones teóricas pueden tener consecuencias financieras inmediatas. Los mercados no esperan pruebas; ponen precio a la especulación.

Críticas y contraargumentos

El informe enfrentó rápidas críticas. Empresas comerciales como Citadel Securities desestimaron sus afirmaciones, argumentando que un shock negativo sostenido requeriría condiciones poco realistas: adopción rápida, reemplazo masivo de empleos, ninguna intervención gubernamental y poder de computación ilimitado. Los críticos también señalaron que los trastornos tecnológicos históricos han sido seguidos por resiliencia económica.

Sin embargo, el argumento central de Shah –que la IA eliminará intermediarios y forzará la eficiencia– tocó una fibra sensible. Se centró específicamente en empresas como DoorDash, argumentando que los agentes de IA evitarán las plataformas y conectarán a los consumidores directamente con los servicios. DoorDash respondió a la defensiva, destacando sus integraciones de IA existentes y sus fortalezas operativas. El analista tecnológico Ben Thompson calificó el informe de “económicamente absurdo”, pero el daño ya estaba hecho.

Un ciclo de miedo y ganancias

Shah reconoció que los mercados responden con más fuerza a las previsiones negativas que a las positivas. Planea publicar un informe de seguimiento con sugerencias de políticas para mitigar la crisis prevista, pero duda que eso calme a los inversores. Esto se debe a que Wall Street se nutre de la volatilidad. El propio Shah parece estar beneficiándose del caos, cubriendo su cartera con inversiones en fabricantes de chips de IA (como Nvidia) y posiciones cortas en empresas que considera vulnerables.

Ni siquiera las ganancias récord de Nvidia pudieron evitar una caída del 5% en las acciones al día siguiente, lo que demuestra el punto de Shah. Los mercados siguen obsesionados con la tendencia a la baja, independientemente de la evolución positiva. Esta dinámica pone de relieve la naturaleza irracional, y a menudo autocumplida, de los pánicos financieros.

En última instancia, la reacción de Wall Street al informe de Shah no se debió a la precisión de sus predicciones, sino al poder del miedo para impulsar los movimientos del mercado a corto plazo. El futuro de la IA sigue siendo incierto, pero una cosa está clara: la ansiedad de los inversores seguirá dando forma a la narrativa, incluso frente a datos contradictorios.