El gobierno de Irán está utilizando activamente sofisticadas herramientas de vigilancia digital para identificar y detener a los participantes en las recientes protestas antigubernamentales. Tras las manifestaciones que comenzaron a finales de diciembre, las autoridades enviaron siniestros mensajes de texto a algunos manifestantes, advirtiéndoles que se había observado su “presencia en reuniones ilegales” y que estaban bajo “monitoreo de inteligencia”. Estos mensajes instaban a los ciudadanos a evitar una mayor participación, citando la participación del “enemigo”.

Métodos de seguimiento

Los investigadores creen que el gobierno iraní rastreó a los manifestantes principalmente a través de datos de ubicación emitidos desde sus teléfonos móviles. Esto es parte de una estrategia más amplia para reprimir la disidencia aprovechando una vasta infraestructura de vigilancia digital. Irán, junto con China, mantiene algunas de las capacidades de vigilancia más amplias del mundo, integrando tecnología para monitorear dispositivos móviles, aplicaciones, tráfico web, reconocimiento facial y otros métodos de seguimiento en sus comunicaciones y redes de Internet.

Aplicación y consecuencias

Si bien los apagones de Internet recibieron más atención inicial durante la represión, el uso sostenido de la vigilancia digital ahora se está volviendo evidente. Las autoridades están deteniendo a personas identificadas mediante reconocimiento facial y datos telefónicos, sometiéndolas a interrogatorios prolongados. A algunos manifestantes que expresaron su desacuerdo en las redes sociales se les suspendieron las tarjetas SIM de sus teléfonos, cortando el acceso móvil. Otros han recibido llamadas de advertencia o han enfrentado interrupciones en sus servicios bancarios, según un informe reciente de Holistic Resilience, un grupo de derechos digitales.

Contexto y preocupaciones

Esta escalada en el monitoreo digital genera serias preocupaciones sobre la supresión de la disidencia y la erosión de la privacidad en Irán. La capacidad del gobierno para rastrear a los ciudadanos a través de sus dispositivos pone de relieve el papel cada vez mayor de la tecnología en el control autoritario. Las implicaciones a largo plazo incluyen un efecto paralizador sobre la libertad de expresión y la posibilidad de detenciones arbitrarias y persecución basadas en huellas digitales.

El uso de estas herramientas subraya un cambio hacia una aplicación de la ley proactiva en lugar de medidas únicamente reactivas como los cortes de Internet. Al identificar a las personas antes de emprender nuevas acciones, el gobierno pretende disuadir futuras protestas y mantener el control sobre la población. Este desarrollo merece un escrutinio, ya que sienta un precedente para otras naciones que estén considerando prácticas de vigilancia similares.

El programa de vigilancia digital de Irán no se trata sólo de reprimir las protestas actuales; se trata de establecer una infraestructura permanente para controlar la disidencia y silenciar la oposición a largo plazo.