La startup de inteligencia artificial Thinking Machines Lab está envuelta en una agitación interna apenas unos meses después de su fundación, con investigadores clave amenazando con renunciar por desacuerdos estratégicos. El conflicto se centra en el lento lanzamiento de productos de la empresa en comparación con competidores como OpenAI y la imposibilidad de conseguir financiación adicional para su ambiciosa valoración de 50.000 millones de dólares.

Antecedentes y fundación

Thinking Machines Lab fue creado en febrero por Mira Murati, ex directora de tecnología de OpenAI, junto con Sam Schoenholz, Barret Zoph y Luke Metz. Los cuatro fundadores colaboraron anteriormente en OpenAI, aportando una importante experiencia en IA a la nueva empresa. Sin embargo, las tensiones aumentaron al cabo de un año a medida que la startup luchaba por cumplir con los puntos de referencia de la industria.

La disputa y las demandas de los fundadores

El 12 de enero, Schoenholz, Zoph y Metz confrontaron a Murati, presionando para que Zoph asumiera un mayor control sobre las decisiones técnicas. Según cuatro fuentes familiarizadas con la discusión, los tres fundadores advirtieron que se irían si no se abordaban sus preocupaciones. Este ultimátum refleja una creciente frustración con el progreso de la empresa y su incapacidad para capitalizar el floreciente mercado de la IA.

Intentos de adquisición fallidos

Los fundadores también presionaron a Murati para que continuara las negociaciones de adquisición de manera más agresiva. Según los informes, Meta (la empresa matriz de Facebook e Instagram) había explorado la compra de Thinking Machines y Murati había fortalecido las relaciones con el director ejecutivo de Anthropic, pero ninguna de las conversaciones condujo a un acuerdo. El estancamiento de las negociaciones pone de relieve las dificultades para conseguir una salida favorable dada la situación actual de la empresa.

Implicaciones y perspectivas futuras

El conflicto interno en Thinking Machines Lab pone de relieve la intensa presión que enfrentan las nuevas empresas de IA para innovar y escalar rápidamente. El ultimátum de los fundadores sugiere que Murati podría necesitar ceder cierto control sobre la estrategia técnica para retener personal clave y evitar un éxodo masivo. Si estos problemas siguen sin resolverse, la capacidad de la empresa para competir en el despiadado panorama de la IA podría verse gravemente comprometida.