Una empresa de biotecnología del Área de la Bahía, R3 Bio, está desarrollando sistemas de órganos artificiales, denominados “sacos de órganos”, diseñados para reemplazar las pruebas con animales. Las estructuras contendrían órganos funcionales pero carecerían de cerebro, lo que eliminaría cualquier capacidad de sensibilidad o dolor. Este enfoque está ganando terreno a medida que los gobiernos reducen la dependencia de la experimentación con animales y disminuye la oferta de primates para investigación.

La creciente demanda de alternativas

La disminución de la disponibilidad de animales y las crecientes preocupaciones éticas han empujado a los investigadores a buscar alternativas. El gobierno de Estados Unidos está eliminando gradualmente las pruebas con animales y la prohibición de China de exportar primates ha exacerbado la escasez. En 2024 se utilizaron más de 60.000 primates no humanos en instalaciones de investigación de EE. UU., y miles de ellos experimentaron dolor durante los experimentos. Los sacos de órganos de R3 Bio ofrecen una solución potencial al proporcionar un reemplazo ético y escalable para los animales vivos.

Cómo funcionarían los sacos de órganos

La startup tiene como objetivo crear sacos de órganos utilizando tecnología de células madre y edición de genes. El objetivo es desarrollar órganos completamente funcionales sin las estructuras neuronales necesarias para la conciencia. Si bien la idea suena futurista, los científicos creen que es plausible: las células madre pluripotentes inducidas pueden reprogramarse en estados similares a los embrionarios y modificarse para prevenir el desarrollo del cerebro. Las estructuras resultantes podrían luego incubarse hasta que se conviertan en sistemas de órganos organizados.

Más allá de las pruebas: reemplazo de órganos humanos

La visión a largo plazo de R3 Bio se extiende más allá de las pruebas de drogas. La empresa planea desarrollar bolsas de órganos humanos como fuente de tejidos y órganos para trasplantes, abordando la crítica escasez de órganos de donantes en todo el mundo. Más de 100.000 personas en Estados Unidos se encuentran actualmente en listas de espera para trasplantes y 13 mueren diariamente debido a fallas orgánicas.

Consideraciones éticas

La perspectiva de que crezcan cuerpos humanos sin cerebro plantea cuestiones éticas. Los bioéticos reconocen el “factor asqueroso”, pero sugieren que si se demuestra que estas entidades son incapaces de sentir dolor, la aceptación pública puede ser posible. El concepto también destaca el comercio ilegal de sustracción de órganos en algunas regiones, lo que refuerza la necesidad de alternativas de origen ético.

El desarrollo de sacos de órganos podría ser un paso innovador hacia métodos de investigación más humanos y eficientes. Si bien persisten desafíos para crear sistemas viables, los beneficios potenciales (reducir el sufrimiento de los animales y aumentar la disponibilidad de órganos) son significativos.