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Los centros de datos enfrentan resistencia, pero las fábricas que los suministran no

Las comunidades en todo Estados Unidos se oponen cada vez más a la construcción de nuevos centros de datos, citando preocupaciones ambientales y un posible desplazamiento de empleos. Sin embargo, las fábricas que fabrican los componentes esenciales para estos mismos centros de datos (servidores, equipos eléctricos y equipos especializados) están evitando en gran medida ese escrutinio. Esta desconexión pone de relieve un punto ciego cada vez mayor en el activismo local y plantea un riesgo potencial para las comunidades que apuestan por un auge económico a largo plazo.

El doble rasero

Los residentes de Taylor, Texas, expresaron recientemente una fuerte oposición a un nuevo proyecto de centro de datos en una reunión del concejo municipal. Sin embargo, cuando el mismo consejo discutió una propuesta de fábrica de tecnología, nadie habló. Este patrón se repite en todo el país: los centros de datos encuentran resistencia, mientras que las fábricas que los respaldan avanzan con un desafío mínimo. La razón principal es simple: las fábricas tienden a crear más empleos directos y consumir menos recursos naturales que los centros de datos.

Por qué esto es importante

Esta disparidad no es sólo una cuestión de percepción pública. Los expertos sugieren que representa una vulnerabilidad estratégica en la lucha contra la expansión de los centros de datos. Como señala Andy Tsay, profesor de la Universidad de Santa Clara: “En algún momento, la gente descubrirá cuál es la fábrica crítica que puede poner de rodillas a todos los centros de datos, y perseguirán eso”. Apuntar a la cadena de suministro podría ser una táctica poderosa, pero los activistas actualmente carecen de los recursos y el ancho de banda para luchar en múltiples frentes.

El problema de la opacidad

Un desafío es que muchos proyectos de fabricación carecen de transparencia. Por ejemplo, Compal, un fabricante taiwanés, obtuvo un contrato de arrendamiento de 66 millones de dólares en Taylor, Texas, para una instalación que se describe como fabricante de “servidores”, entre otros productos. Si bien la compañía confirma que la fábrica respaldará su negocio de servidores, los detalles siguen siendo vagos. Esta ambigüedad dificulta que los residentes evalúen el verdadero impacto de estos proyectos.

Incentivos económicos y apoyo local

Ciudades como Taylor y Georgetown, Texas, cortejan activamente a estos fabricantes, ofreciéndoles importantes exenciones fiscales y procesos de obtención de permisos simplificados. En Taylor, se espera que Compal cree 900 puestos de trabajo, lo que la convertirá en el segundo mayor empleador de la ciudad después de Samsung. Los funcionarios locales promocionan los beneficios económicos, incluido el aumento de los ingresos por impuestos a la propiedad, al tiempo que minimizan los posibles inconvenientes, como la presión sobre los servicios públicos.

Riesgos a largo plazo

El enfoque actual en las ganancias económicas a corto plazo puede resultar miope. Si la demanda de centros de datos impulsada por la IA se desacelera o si la presión de los activistas logra detener su expansión, las comunidades podrían quedarse con fábricas que ya no cuentan con el respaldo de un mercado sólido.

En conclusión, la falta de escrutinio de las cadenas de suministro de los centros de datos es un descuido importante. Si bien los beneficios económicos inmediatos son atractivos, las comunidades deben considerar los riesgos a largo plazo y las vulnerabilidades potenciales antes de adoptar plenamente estos proyectos. La situación actual es insostenible: una resistencia creciente al producto final, mientras los medios de producción siguen sin control.

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